jueves, 25 de abril de 2013

sábado, 6 de abril de 2013

Como evitar que su hijo caiga en la red


El apogeo de las redes sociales en internet, los móviles y las tabletas ha disparado también las injurias, calumnias y amenazas on line. De hecho, conforman el tipo de delito más usual en este ámbito y donde las fuerzas de seguridad están haciendo mayor hincapié al afectar especialmente a menores. El vídeo que se ha difundido esta semana de adolescentes practicando sexo en una playa de Cádiz, que ha terminado con tres chavales imputados, ha intensificado la alerta con este asunto. 

A nivel nacional, estas actividades se han triplicado en los dos últimos años. En 2012, por ejemplo, la Policía Nacional detuvo a 750 personas por coacciones a través de internet. Sevilla no ha escapado, precisamente, a esta tendencia. El Grupo de Delitos Tecnológicos de la Jefatura Superior de la Policía Nacional ha incrementado exponencialmente su trabajo. Los datos de 2012 lo dicen todo: esta unidad esclareció más de un centenar de delitos que hubo que investigar relacionados con redes sociales e internet. De ellos, 32 fueron por injurias y 19 por amenazas. Además, se resolvieron 20 delitos informáticos por corrupción de menores (pornografía infantil), 23 por descubrir o revelar secretos (claves, identidades...) y 7 por usurpación de estado civil (creación de perfiles falsos con la identidad de un tercero). 

Dentro de su Plan Director para la Convivencia y Mejora de la Seguridad Escolar, la Policía Nacional imparte en Sevilla charlas por los centros escolares y también a grupos de padres y entidades cívicas interesadas en conocer las maneras de prevenir que los menores se conviertan en víctimas del que es su principal entretenimiento. Para ello, trasladan una serie de consejos útiles muy claros. 

Son sus diez mandamientos: 

1.-El nuevo aparato es un regalo, pero no es un juguete. Su puesta en marcha requiere conocer no sólo cómo funciona sino los riesgos de un mal uso, sobre todo, para la seguridad. 

2.-El menor debe tener claro dónde, cómo y cuándo puede –o es oportuno- utilizar su nuevo equipo y protegerlo de posibles extravíos y accesos indeseados. 

3.-Lo mejor es que desde el principio se acuerden entre menores y adultos unas normas de uso en base a unos criterios de seguridad y racionalidad. 

4.-Los adultos deben saber y elegir las distintas opciones de la operadora, así como las aplicaciones, programas y servicios que se instalan o contratan. 

5.-Cuanto menor es el nuevo usuario, mayor supervisión, acompañamiento y concienciación necesitará del uso que hace del smartphone, tableta, ordenador, consola, cámara… de para qué lo usa, con quién, qué información se intercambia… 

6.-En el caso de los más pequeños, los padres pueden instalar programas que filtren el acceso a webs y contenido inapropiado o peligroso, así como que faciliten el control parental. Es recomendable dejarse asesorar por los centros educativos y la Policía Nacional. 

7.-Si es aún es muy pequeño, el nuevo usuario debe asumir que sus tutores tengan acceso global al contenido y uso del aparato. 

8.-El menor debe conocer no sólo los riesgos que puede encontrarse, sino también asumir que debe ser responsable y respetuoso al relacionarse. 

9.-Es básico acordar y razonar con el menor unas normas racionales y respetuosas hacia todos sobre hacer fotos y vídeos, compartir con sus imágenes y, por supuesto, no distribuir aquellas que sean de otros sin su autorización o que puedan perjudicar irreversiblemente la imagen de cualquiera. 

10.-Hay que alertar al menor sobre los riesgos de fraude o condiciones que se asumen al facilitar sus datos a personas o compañías, contratar servicios y comprar, así como enseñarle las pautas de seguridad fundamentales en el comercio electrónico. 

(ABC-Sevilla-Auge de las amenazas e injurias en las redes sociales)

sábado, 23 de marzo de 2013

El artículo 155 Código Penal



Este artículo señala expresamente:

"Los hijos deben:

1. Obedecer a los padres mientras permanezcan bajo su potestad y respetarles siempre.

2. Contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras convivan con ella."

De dicho artículo podemos deducir tres obligaciones claras de los hijos (hijos matrimoniales, no matrimoniales o adoptivos), obligaciones que surgen como correspondencia al contenido afectivo de la relación paterno filial: en primer lugar, los hijos están obligados a obedecer a los padres mientras permanezcan bajo su patria potestad; en segundo lugar, los hijos están obligados a respetar a sus padres siempre; en tercer lugar, los hijos están obligados a contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras conviva con ella. 

sábado, 2 de febrero de 2013

Educar es enseñar a vivir


Si hay alguna tarea importante que podemos hacer los padres es educar a nuestros hijos. Educar es algo serio, que merece nuestra entrega. Pero ¿sabemos realmente qué significa educar? Muchos estudios y reflexiones se han hecho a este respecto; me quedo con una: educar es enseñar a vivir y posibilitar que nuestros hijos sean felices. 

Nadie como los padres, de quienes los hijos lo necesitan todo, para demostrarles constantemente el amor que les tenemos, pues esto es lo único que les sostiene y les da seguridad, y para transmitirles nuestra experiencia y el sentido de la vida. La mirada de los padres es un espejo para los hijos. La mirada que sobre ellos tengamos les producirá un efecto imborrable, pues se reconocen en los ojos paternos y en el juicio que de ellos proyectemos. Lo más valioso que un padre puede dar a su hijo es su tiempo, tiempo de juego, tiempo de escucha, tiempo juntos. 

Un aspecto realmente difícil de lograr es la obediencia. Enseñar a obedecer es preparar para ser libre. Educar la libertad es enseñar a aceptar la realidad, es aprender a decidir y a asumir la responsabilidad de las decisiones tomadas. Los hijos lo aprenden todo de los padres. Ya lo dijo Einstein: «Dar ejemplo no es la principal manera de influir, sino la única». Muchas son las teorías, las reflexiones, las sugerencias, pero tan solo dos son esenciales: afecto y tiempo, eso sí, juntos.

(Carmen Sánchez Maíllo, secretaria académica del Instituto de Estudios de la Familia de la Universidad CEU San Pablo)

jueves, 17 de enero de 2013

Errores más comunes de los padres al hacer los deberes con sus hijos


Más allá del debate sobre si los alumnos tienen que hacer o no deberes en casa, lo cierto es que realizar las tareas escolares fuera del horario lectivo es un pilar del sistema educativo en España. Muchos defienden que los deberes refuerzan los aprendizajes de clase, que ayudan a crear hábitos de trabajo, superación y disciplina y que refuerzan la concentración y la memoria. Es una labor y una responsabilidad de los hijos, pero los padres también cumplen un papel: el de vigilar, apoyar y seguir que los chicos cumplan las tareas y resolver sus dudas, pero nunca, nunca hacerles los deberes. 


Los deberes son una responsabilidad asumida por muchas familias. El 80% de los alumnos en Primaria recibe ayuda de sus padres para hacer las tareas escolares y el 45% de los estudiantes en Secundaria, según una encuesta elaborada por TNS Demoscopia. Pero, sin duda, ayudar a los hijos a realizar los deberes puede ser motivo de tensión y conflicto en casa, incluso puede suponer una gran carga, sobre todo, para muchos padres que trabajan y les falta tiempo de dedicación a los hijos. 

Para llevar bien esta gran responsabilidad, es conveniente conocer cuáles son los errores más comunes que cometen los padres a la hora de realizar los deberes con sus hijos y cómo solventarlos. Carmen Guaita, profesora y vicepresidenta del sindicato de profesores ANPE, explica los fallos más habituales y ofrece las claves para realizar con éxito estas tareas: 

1. Hacer los deberes en cualquier sitio, en la cocina mientras se prepara la cena; en el cuarto de estar mientras otros ven la tele…

En su lugar: Procurar que el «momento deberes» sea importante para la familia: en un lugar fijo, es mejor si es su propio rincón de estudio. Si no se dispone de él, en un ambiente de silencio y trabajo general en la casa, sin distracciones, sin tele... «Debemos demostrar que nos los tomamos en serio —dice Guaita—. Si mientras los chicos trabajan, papá o mamá leen o también trabajan estaremos mandando un buen mensaje». 

2. Protestar como adultos sobre la cantidad o calidad de los deberes.

En su lugar: Aceptarla realidad. «Los deberes son los que son y los que tocan. Si vemos que sobrepasan a nuestro hijo, debemos acudir al centro educativo para notificarlo, pero en casa se debe respetar todo lo posible la decisión del profesor. Estamos preparándoles para la vida, y en la vida habrá mucho trabajo y esfuerzo», afirma la profesora. 

3. Hacerlos nosotros.

En su lugar: Realizar las tareas escolares de los hijos ni aumenta su capacidad de trabajo ni su disciplina, ni les hace aprender nada nuevo. «El sentido común, la gran herramienta que todos los padres tenemos aunque a veces no le hagamos caso, ya nos lo está diciendo». 

4. Entender los deberes solo como nuevos aprendizajes de conocimientos.

En su lugar: Los deberes escolares son refuerzos para el aprendizaje y, sobre todo, una ocasión para aprender a trabajar de manera autónoma. Los padres pueden explicarles las dudas, pero mucho más razonable es ayudarles a encontrar la respuesta que buscan: en sus propios libros de texto, en internet… 

5. Convertir los deberes en el «momento regañina» de cada día.
En su lugar: Convertir el tiempo de hacer deberes en un tiempo de paz y tranquilidad. Si el alumno tiene dificultades, puede y debe consultarlas con sus profesores al día siguiente. Es muy perjudicial crear en casa ansiedad ante lo relacionado con la escuela. 

6. No tomar en serio su necesidad de presencia y apoyo.

En su lugar: Soltar el smartphone y estar disponibles para ellos, mirándoles y escuchándoles cuando así lo requieran.

7. Imponer un control absoluto.

En su lugar: «Si quieren que les tomemos la lección, debemos hacerlo. Si les ponemos nerviosos o ellos nos ponen a nosotros, es mejor confiar en su responsabilidad. Y decirles en voz alta que confiamos en ella», dice Guaita. 

8. Evitar el diálogo con los profesores.

En su lugar: Potenciar el diálogo y la colaboración con los profesores y consultarles si hace falta alguna ayuda suplementaria. 

9. Permitir que afronten las tareas escolares agotados ya de tareas extraescolares.
En su lugar: Las actividades extraescolares son necesarias pero no pueden ser obsesivas. Los alumnos pueden tener demasiadas modalidades: deporte, idiomas, música, ajedrez… todo a la vez. Es mejor adecuarlas a la personalidad e intereses del hijo y permitir tardes en las que solo haya que jugar en casa y estudiar. 

10. Ser anárquicos.

En su lugar: Los deberes son, sobre todo, un aprendizaje del trabajo autónomo y la autodisciplina. Para Guaita, «les ayudamos si les animamos a establecer un tiempo mínimo y máximo, siempre a la misma hora, en el mismo sitio, siempre con el móvil apagado. Todo tiene su momento es un gran aprendizaje para un niño pero son sus padres quienes deben mostrárselo. También con el ejemplo». 

Cómo organizar el tiempo de los deberes 

A cada edad su tiempo.

 Con 15 minutos es suficiente para que los más pequeños lean o ejerciten cálculos matemáticos. De 6 a 8 años: entre 30 y 40 minutos. De 8 a 10 años: una hora. A partir de esa edad: entre 60 y 90 minutos. En Bachillerato: entre dos y tres horas. 


Establecer una hora de comienzo y otra de finalización. 

Hacer una pausa de entre dos y diez minutos cada hora de estudio. 

No empezar por la asignatura más difícil. Pasados 30 minutos es cuando los niños alcanzan su máximo rendimiento. A la hora y media, el rendimiento disminuye. Deben afrontar las asignaturas más fáciles. 

A partir de los 6 años ya son autónomos para empezar a hacer los deberes solos.