miércoles, 3 de julio de 2013

Detalles a tener en cuenta al castigar a tu hijo adolescente


La adolescencia es un periodo de desarrollo personal que tiende relacionarse con la rebeldía. Cuando nuestros hijos se comportan de una manera inadecuada, muchos padres caen inmediatamente en la rutina de imponerles castigos, haciéndoles que, poco a poco, formen parte de su día a día. Sin embargo, los expertos apuntan que tan contraproducente es poner muchos castigos como recurso educativo, como no ponerlos.

Una sanción debe entenderse, no como una medida disciplinaria, sino como una fórmula para lograr que el adolescente reflexione sobre lo que ha hecho mal y evitemos así que vuelva a repetirlo en sucesivas ocasiones.

Según Begoña del Pueyo y Rosa Suárez, autoras de «La buena Adolescencia», antes de imponer un castigo hay que tener en cuenta los siguientes aspectos:

—Solo suele tener un efecto temporal y transitorio sobre la conducta. El intento de cambio personal tiene que compensarse con otras medidas muy positivas.

—Hay que buscar las causas y escuchar las justificaciones de esa acción negativa que intentas corregir. Y, sobre todo, dejarle bien claro que «se censura el pecado, no al pecador»

—El castigo no puede ser humillante. Hay que salvar la autoestima de nuestro hijo. El castigo no debe dejarle en mal lugar delante de sus hermanos y amigos.

—Debe ser proporcional a la falta que ha cometido, teniendo en cuenta su edad y otras circustancias personales.

—No es lo mismo un acto cometido por precipitación o imprudencia que un acto que tenía mala intención.

—Las sanciones no pueden depender del estado de ánimo de los padres. No deben ser indefinidos ni desproporcionados. «No habrá más paga los domingos», es una frase difícil de mantener.

—Cuando es posible, lo ideal es conseguir que el castigo sirva para restituir lo que se ha hecho mal, por ejemplo, quedarse a estudiar un fin de semana si ha suspendido.

—No hay que permitir que el castigo a uno de los hijos afecte al resto de la familia (quedarse sin vacaciones, sin salir...).

—El castigo puede resultar realmente efectivo si va acompañado de una muestra efectiva y se les ofrece pistas que le ayuden a reflexionar sobre las causas de su conducta negativa.

—Nunca se debe castigar retirando el afecto.
Desobediencias más frecuentes

—No llegar a la hora pactada demuestra no haber adquirido la madurez suficiente para planificar las salidas y gestionar los horarios, unido a poca resistencia a la presión de grupo. En la próxima salida se puede pactar menos tiempo (volver a casa uno hora antes) y si lo cumple, volver a ampliarlo.

—Malas contestaciones. Hay que observar el contenido del vocabulario que utilizamos cuando nos enfadamos. Los hijos aprenden de los padres y, si lo hacemos con insultos y gritos, no podemos pedirle que no haga lo mismo. Ante una respuesta airada es importante utilizar un tono de voz calmado y ser especialmente cuidadosos con las palabras, ya que los reproches sólo consiguen incrementar la tensión.

—«Me estás faltando al respeto», «A mí no me insultes». Cuando una discusión sube de tono es muy fácil llegar a perder los papeles y decir cosas de las que después podemos arrepentirnos, el motivo de discusión inicial se pierde, dado que se entra en una espiral de tensión progresiva, una medida que suele funcionar es el «tiempo fuera», es decir, interrumpir la discusión con una frase como «se nos está olvidando el tema principal, ya no estamos hablando», y marcharnos. De esta forma demostraremos que los intercambios de reproches no favorecen la comunicación ni permiten llegar acuerdos.

Información de: Begoña del Pueyo y Rosa Suárez, autoras de«La buena Adolescencia»


lunes, 3 de junio de 2013

Diez claves para preparar un examen


Con la llegada del mes de junio, miles de estudiantes se preparan para afrontar de la mejor manera posible los exámenes finales. Para ayudarles, el Maestro Internacional de Memoria Rápida, Francisco Páez enumeraba a ABC algunas de las claves que pueden facilitar la labor de estudio.

1- Tener la mente tranquila y relajada: la primera clave para este maestro, es la de «tener la mente tranquila y relajada». Para ello, hay que «tener bien oxigenado y alimentado el cerebro», ya que «no se puede memorizar en cualquier circunstancia».

2- Cerrar los ojos y respirar profundamente: es básico que antes de ponerse a memorizar, el alumno «se tome un tiempo para relajarse mentalmente». Para lograr este objetivo, Páez indica que el primer paso es «cerrar los ojos, respirar profundamente, poner música de fondo y visualizar tu propio cuerpo tranquilo».

3- Ver cómo enfocar el trabajo: una vez que se ha cumplido el paso anterior, es el momento de «visualizar lo que tienes que memorizar y ver cómo se va a enfocar el trabajo».

4- Hacer mapas mentales: a la hora de estudiar, Páez señala que una técnica que ayuda a memorizar es la de «hacer mapas mentales», esto es crear una imagen a partir de lo escrito en una hoja donde aparezcan «pocos datos y dibujos» que sirvan de recordatorio de lo que tienes que hablar.

5- Asociar: una de las claves que este maestro de la memoria considera fundamentales es la de «asociar». Así, recomienda que en el caso de los números «se pasen a imágenes».

6- Colocar la información: otra de las claves nemotécnicas que recomienda este profesor es «ir colocando la información que tienes que memorizar en lugares físicos de un recorrido que conozcas».

7- «Memorizar jugando» es otro de los consejos que da el reciente finalista del programa «Increíbles el Grand Desafío». En este sentido, señala que «si lo consideras una dedicación y no un trabajo puedes tirarte horas», mientras que si lo ves como una obligación «es probable que el esfuerzo sea en vano».

8- Eliminar los pensamientos negativos: Páez indica que es importante «eliminar los pensamientos negativos que te producen miedo». Mensajes como «es imposible» o «no voy a ser capaz» lastran la capacidad de memorizar el contenido.

9- «Luchar contra los olvidos» una vez memorizado todo el contenido. Para ello, «hay que repasar lo más frecuentemente posible», aunque esta labor tiene que ser rápida «haciendo mapas mentales que te permitan ver rápido lo que ya has hecho».

10- Ejercicios de relajación: por último, de cara al examen vuelve a adquirir importancia el aspecto mental «para evitar quedarse en blanco», ya que el alumno no está en el mismo nivel de nerviosismo que cuando estudia. Por este motivo, es recomendable repetir algunos de los ejercicios de relajación indicados previamente.



sábado, 27 de abril de 2013

Las 7 claves para educar mejor a los hijos


1. Ejemplo y cariño 

Para educar a los hijos cuida primero tu educación. Si cultivas tu crecimiento personal podrás ayudarles mejor. Eres su referencia, y el ejemplo es lo más eficaz. O influyes tú o lo harán otros. No hay ambientes neutros. Sé siempre positivo. Destaca lo bueno cuando corrijas lo malo. Puedes conseguir y mantener la autoridad combinando la razón y el cariño. Tu afecto es la base que da a los hijos la seguridad necesaria para asumir los “riesgos” que implica su crecimiento. Mantén un tono de educación y respeto. El aprecio por uno mismo lleva al aprecio de los demás. 

2. Autoestima 

Todos tenemos algo bueno. Poténcialo. Para poder relacionarse bien con los demás, primero en la familia, y después en el colegio, es necesario que los hijos tengan una buena autoestima, es decir, que se conozcan, se acepten (superándose) y se quieran, tal y como son. Así podrán también aceptar y ayudar a los demás. Al mismo tiempo, ten en cuenta que la sobre protección dificulta el desarrollo y la maduración afectiva de tus hijos. 

3. Límites y seguridad 

Atrévete a decir lo que está bien o está mal. Los hijos necesitan que les pongas límites. Eso les da seguridad. Cuéntales tus experiencias: aciertos y errores. La perfección es enemiga de lo bueno. Acompáñales en el ejercicio de su libertad para que puedan tomar sus propias decisiones y asumir las consecuencias. 

4. Orden 

Enséñales a ser dueños de su tiempo, para emplearlo con libertad. Por ello es aconsejable que pactes con ellos un horario que les ayude a planificar y organizar su actividad, también en el uso de dispositivos electrónicos e Internet. Esto les facilitará el orden en otros ámbitos, en su habitación, en casa, el colegio, etc. 

5. Expectativas y comunicación 

Confía en tus hijos. No los veas como son, sino como lo que pueden llegar a ser. Tus altas expectativas, siendo objetivas, les ayudan a mejorar, porque perciben de forma positiva lo que se espera de ellos. La comunicación familia-escuela y tu implicación en el colegio les transmite que la educación es importante. Aprende a hablar con tus hijos, desde pequeños. La comunicación con un adolescente empieza con el primer biberón. Ponte al día, acepta el reto tecnológico, porque facilitará el diálogo sobre los temas que les interesan. 

6. Consumo responsable 

Ayúdales a descubrir el valor de lo que no se compra con dinero. Desde pequeños, enséñales a valorar las cosas, a saber lo que es necesario y lo que no lo es. Esto les preparará para aceptar las carencias y superar las inevitables frustraciones del día a día. Es bueno que aprendan a esperar, a tener paciencia. No les des todo lo que piden y en cualquier momento. 

7. Solidaridad 

La familia es el primer lugar donde aprender a estar pendientes de los demás. La solidaridad se debe vivir luego en la escuela, con los propios compañeros, y después fuera de ella. Ten en cuenta que la adolescencia es el momento idóneo para promover competencias sociales y solidarias. Ayúdales a alcanzar y valora esas habilidades, capacidades y virtudes sociales, ya que contribuirás al desarrollo de sus competencias en el ámbito personal o profesional. 

jueves, 25 de abril de 2013

sábado, 6 de abril de 2013

Como evitar que su hijo caiga en la red


El apogeo de las redes sociales en internet, los móviles y las tabletas ha disparado también las injurias, calumnias y amenazas on line. De hecho, conforman el tipo de delito más usual en este ámbito y donde las fuerzas de seguridad están haciendo mayor hincapié al afectar especialmente a menores. El vídeo que se ha difundido esta semana de adolescentes practicando sexo en una playa de Cádiz, que ha terminado con tres chavales imputados, ha intensificado la alerta con este asunto. 

A nivel nacional, estas actividades se han triplicado en los dos últimos años. En 2012, por ejemplo, la Policía Nacional detuvo a 750 personas por coacciones a través de internet. Sevilla no ha escapado, precisamente, a esta tendencia. El Grupo de Delitos Tecnológicos de la Jefatura Superior de la Policía Nacional ha incrementado exponencialmente su trabajo. Los datos de 2012 lo dicen todo: esta unidad esclareció más de un centenar de delitos que hubo que investigar relacionados con redes sociales e internet. De ellos, 32 fueron por injurias y 19 por amenazas. Además, se resolvieron 20 delitos informáticos por corrupción de menores (pornografía infantil), 23 por descubrir o revelar secretos (claves, identidades...) y 7 por usurpación de estado civil (creación de perfiles falsos con la identidad de un tercero). 

Dentro de su Plan Director para la Convivencia y Mejora de la Seguridad Escolar, la Policía Nacional imparte en Sevilla charlas por los centros escolares y también a grupos de padres y entidades cívicas interesadas en conocer las maneras de prevenir que los menores se conviertan en víctimas del que es su principal entretenimiento. Para ello, trasladan una serie de consejos útiles muy claros. 

Son sus diez mandamientos: 

1.-El nuevo aparato es un regalo, pero no es un juguete. Su puesta en marcha requiere conocer no sólo cómo funciona sino los riesgos de un mal uso, sobre todo, para la seguridad. 

2.-El menor debe tener claro dónde, cómo y cuándo puede –o es oportuno- utilizar su nuevo equipo y protegerlo de posibles extravíos y accesos indeseados. 

3.-Lo mejor es que desde el principio se acuerden entre menores y adultos unas normas de uso en base a unos criterios de seguridad y racionalidad. 

4.-Los adultos deben saber y elegir las distintas opciones de la operadora, así como las aplicaciones, programas y servicios que se instalan o contratan. 

5.-Cuanto menor es el nuevo usuario, mayor supervisión, acompañamiento y concienciación necesitará del uso que hace del smartphone, tableta, ordenador, consola, cámara… de para qué lo usa, con quién, qué información se intercambia… 

6.-En el caso de los más pequeños, los padres pueden instalar programas que filtren el acceso a webs y contenido inapropiado o peligroso, así como que faciliten el control parental. Es recomendable dejarse asesorar por los centros educativos y la Policía Nacional. 

7.-Si es aún es muy pequeño, el nuevo usuario debe asumir que sus tutores tengan acceso global al contenido y uso del aparato. 

8.-El menor debe conocer no sólo los riesgos que puede encontrarse, sino también asumir que debe ser responsable y respetuoso al relacionarse. 

9.-Es básico acordar y razonar con el menor unas normas racionales y respetuosas hacia todos sobre hacer fotos y vídeos, compartir con sus imágenes y, por supuesto, no distribuir aquellas que sean de otros sin su autorización o que puedan perjudicar irreversiblemente la imagen de cualquiera. 

10.-Hay que alertar al menor sobre los riesgos de fraude o condiciones que se asumen al facilitar sus datos a personas o compañías, contratar servicios y comprar, así como enseñarle las pautas de seguridad fundamentales en el comercio electrónico. 

(ABC-Sevilla-Auge de las amenazas e injurias en las redes sociales)

sábado, 23 de marzo de 2013

El artículo 155 Código Penal



Este artículo señala expresamente:

"Los hijos deben:

1. Obedecer a los padres mientras permanezcan bajo su potestad y respetarles siempre.

2. Contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras convivan con ella."

De dicho artículo podemos deducir tres obligaciones claras de los hijos (hijos matrimoniales, no matrimoniales o adoptivos), obligaciones que surgen como correspondencia al contenido afectivo de la relación paterno filial: en primer lugar, los hijos están obligados a obedecer a los padres mientras permanezcan bajo su patria potestad; en segundo lugar, los hijos están obligados a respetar a sus padres siempre; en tercer lugar, los hijos están obligados a contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras conviva con ella. 

sábado, 2 de febrero de 2013

Educar es enseñar a vivir


Si hay alguna tarea importante que podemos hacer los padres es educar a nuestros hijos. Educar es algo serio, que merece nuestra entrega. Pero ¿sabemos realmente qué significa educar? Muchos estudios y reflexiones se han hecho a este respecto; me quedo con una: educar es enseñar a vivir y posibilitar que nuestros hijos sean felices. 

Nadie como los padres, de quienes los hijos lo necesitan todo, para demostrarles constantemente el amor que les tenemos, pues esto es lo único que les sostiene y les da seguridad, y para transmitirles nuestra experiencia y el sentido de la vida. La mirada de los padres es un espejo para los hijos. La mirada que sobre ellos tengamos les producirá un efecto imborrable, pues se reconocen en los ojos paternos y en el juicio que de ellos proyectemos. Lo más valioso que un padre puede dar a su hijo es su tiempo, tiempo de juego, tiempo de escucha, tiempo juntos. 

Un aspecto realmente difícil de lograr es la obediencia. Enseñar a obedecer es preparar para ser libre. Educar la libertad es enseñar a aceptar la realidad, es aprender a decidir y a asumir la responsabilidad de las decisiones tomadas. Los hijos lo aprenden todo de los padres. Ya lo dijo Einstein: «Dar ejemplo no es la principal manera de influir, sino la única». Muchas son las teorías, las reflexiones, las sugerencias, pero tan solo dos son esenciales: afecto y tiempo, eso sí, juntos.

(Carmen Sánchez Maíllo, secretaria académica del Instituto de Estudios de la Familia de la Universidad CEU San Pablo)

jueves, 17 de enero de 2013

Errores más comunes de los padres al hacer los deberes con sus hijos


Más allá del debate sobre si los alumnos tienen que hacer o no deberes en casa, lo cierto es que realizar las tareas escolares fuera del horario lectivo es un pilar del sistema educativo en España. Muchos defienden que los deberes refuerzan los aprendizajes de clase, que ayudan a crear hábitos de trabajo, superación y disciplina y que refuerzan la concentración y la memoria. Es una labor y una responsabilidad de los hijos, pero los padres también cumplen un papel: el de vigilar, apoyar y seguir que los chicos cumplan las tareas y resolver sus dudas, pero nunca, nunca hacerles los deberes. 


Los deberes son una responsabilidad asumida por muchas familias. El 80% de los alumnos en Primaria recibe ayuda de sus padres para hacer las tareas escolares y el 45% de los estudiantes en Secundaria, según una encuesta elaborada por TNS Demoscopia. Pero, sin duda, ayudar a los hijos a realizar los deberes puede ser motivo de tensión y conflicto en casa, incluso puede suponer una gran carga, sobre todo, para muchos padres que trabajan y les falta tiempo de dedicación a los hijos. 

Para llevar bien esta gran responsabilidad, es conveniente conocer cuáles son los errores más comunes que cometen los padres a la hora de realizar los deberes con sus hijos y cómo solventarlos. Carmen Guaita, profesora y vicepresidenta del sindicato de profesores ANPE, explica los fallos más habituales y ofrece las claves para realizar con éxito estas tareas: 

1. Hacer los deberes en cualquier sitio, en la cocina mientras se prepara la cena; en el cuarto de estar mientras otros ven la tele…

En su lugar: Procurar que el «momento deberes» sea importante para la familia: en un lugar fijo, es mejor si es su propio rincón de estudio. Si no se dispone de él, en un ambiente de silencio y trabajo general en la casa, sin distracciones, sin tele... «Debemos demostrar que nos los tomamos en serio —dice Guaita—. Si mientras los chicos trabajan, papá o mamá leen o también trabajan estaremos mandando un buen mensaje». 

2. Protestar como adultos sobre la cantidad o calidad de los deberes.

En su lugar: Aceptarla realidad. «Los deberes son los que son y los que tocan. Si vemos que sobrepasan a nuestro hijo, debemos acudir al centro educativo para notificarlo, pero en casa se debe respetar todo lo posible la decisión del profesor. Estamos preparándoles para la vida, y en la vida habrá mucho trabajo y esfuerzo», afirma la profesora. 

3. Hacerlos nosotros.

En su lugar: Realizar las tareas escolares de los hijos ni aumenta su capacidad de trabajo ni su disciplina, ni les hace aprender nada nuevo. «El sentido común, la gran herramienta que todos los padres tenemos aunque a veces no le hagamos caso, ya nos lo está diciendo». 

4. Entender los deberes solo como nuevos aprendizajes de conocimientos.

En su lugar: Los deberes escolares son refuerzos para el aprendizaje y, sobre todo, una ocasión para aprender a trabajar de manera autónoma. Los padres pueden explicarles las dudas, pero mucho más razonable es ayudarles a encontrar la respuesta que buscan: en sus propios libros de texto, en internet… 

5. Convertir los deberes en el «momento regañina» de cada día.
En su lugar: Convertir el tiempo de hacer deberes en un tiempo de paz y tranquilidad. Si el alumno tiene dificultades, puede y debe consultarlas con sus profesores al día siguiente. Es muy perjudicial crear en casa ansiedad ante lo relacionado con la escuela. 

6. No tomar en serio su necesidad de presencia y apoyo.

En su lugar: Soltar el smartphone y estar disponibles para ellos, mirándoles y escuchándoles cuando así lo requieran.

7. Imponer un control absoluto.

En su lugar: «Si quieren que les tomemos la lección, debemos hacerlo. Si les ponemos nerviosos o ellos nos ponen a nosotros, es mejor confiar en su responsabilidad. Y decirles en voz alta que confiamos en ella», dice Guaita. 

8. Evitar el diálogo con los profesores.

En su lugar: Potenciar el diálogo y la colaboración con los profesores y consultarles si hace falta alguna ayuda suplementaria. 

9. Permitir que afronten las tareas escolares agotados ya de tareas extraescolares.
En su lugar: Las actividades extraescolares son necesarias pero no pueden ser obsesivas. Los alumnos pueden tener demasiadas modalidades: deporte, idiomas, música, ajedrez… todo a la vez. Es mejor adecuarlas a la personalidad e intereses del hijo y permitir tardes en las que solo haya que jugar en casa y estudiar. 

10. Ser anárquicos.

En su lugar: Los deberes son, sobre todo, un aprendizaje del trabajo autónomo y la autodisciplina. Para Guaita, «les ayudamos si les animamos a establecer un tiempo mínimo y máximo, siempre a la misma hora, en el mismo sitio, siempre con el móvil apagado. Todo tiene su momento es un gran aprendizaje para un niño pero son sus padres quienes deben mostrárselo. También con el ejemplo». 

Cómo organizar el tiempo de los deberes 

A cada edad su tiempo.

 Con 15 minutos es suficiente para que los más pequeños lean o ejerciten cálculos matemáticos. De 6 a 8 años: entre 30 y 40 minutos. De 8 a 10 años: una hora. A partir de esa edad: entre 60 y 90 minutos. En Bachillerato: entre dos y tres horas. 


Establecer una hora de comienzo y otra de finalización. 

Hacer una pausa de entre dos y diez minutos cada hora de estudio. 

No empezar por la asignatura más difícil. Pasados 30 minutos es cuando los niños alcanzan su máximo rendimiento. A la hora y media, el rendimiento disminuye. Deben afrontar las asignaturas más fáciles. 

A partir de los 6 años ya son autónomos para empezar a hacer los deberes solos. 

domingo, 18 de noviembre de 2012

Cómo negociar con los hijos un horario de regreso a casa


Artículo aparecido en ABC 

Las salidas con los amigos y la hora de llegada a casa son los primeros reclamos de independencia de la adolescencia, una etapa clave que se extiende de los 12 a los 18 años. Es entonces cuando suelen surgir los primeros roces en la familia. En ambos casos se pueden alcanzar acuerdos entre padres e hijos, pero a los chicos no hay que dejarlos campar a sus anchas. «Los límites deben seguir vigentes. No tenerlos les crea más ansiedad», afirma Francisco Saborido, jefe del equipo de Familia de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD). 

Ante esos primeros reclamos hay que empezar a actuar. «Entre los 15 y 17 años es una edad difícil, muestran mayor afán de independencia y rebeldía», asegura Gerardo Castillo, profesor del departamento de Educación de la Universidad de Navarra. Todo comienza un poco antes. «Sobre los 14 añosya solicitan un espacio para ellos. Quieren ir a la bolera o al cine con sus amigos», dice Ángel Peralbo, psicólogo y autor del libro «El adolescente indomable». Y en esas primeras salidas, como en las que vendrán después, establecer un horario de llegada a casa garantiza la tranquilidad familiar. 

El trabajo corresponde a los padres. Hay que concretar un horarioacorde con las actividades del hijo (estudios, deporte..) y con un estilo de vida saludable; comunicárselo en el momento oportuno(no cuando esté enfadado), y ser conscientes de las consecuenciasy hasta dónde vamos a negociar con él. El horario se adaptará a su edad y madurez (hay chavales que basta con sugerirles una hora de llegada). Y además tener en cuenta las circunstancias espaciales(transportes, lugar de residencia). Estos son algunos consejos para lograrlo: 

¿A qué edad comienzo a negociar un horario? Sobre los 14-15 años ya están preparados 

A esa edad se les debe exigir que cumplan con una dinámica familiar y a cambio se les respeta las nuevas experiencias. Los pactos deben ser serios y claros, e incluso escribirlos en un documento, explicando las consecuencias de no cumplirlo. Así no hay lugar para ambigüedades. No se negocia minutos antes de salir, ni durante una discusión ni cuando haya habido un conflicto reciente que no se haya resuelto. Como orientación: con 14 años, a las 21,30 horas en casa (de forma excepcional, a las once); a los 16, a las 22,30 h (a la 1 de la madrugada), y con 18 a las 24 horas (a las 3 o 4 de la madrugada). 

¿Cómo actuar si llega veinte minutos tarde? Todo tiene sus consecuencias 

Hay que escuchar sus explicaciones, pero estas no le eximen de su retraso. Los adolescentes se despistan de la hora muchas veces, otras veces intentan arañar unos minutos más. Al día siguiente, debe entender que todo tiene sus consecuencias. Por tanto, en la próxima salida debe llegar antes. Si los retrasos son reiterados: no dejarle salir el fin de semana siguiente. 

¿Se puede ser flexible? Hay excepciones, pero que no se conviertan en rutina 

Los horarios son estables. De forma muy excepcional, ante un acontecimiento importante, como un cumpleaños, el horario se puede flexibilizar. Pero hay que tener cuidado, porque los chavales intentan convencernos de que cada fin de semana hay una celebración importante. Las excepciones no son rutina. 

Si nunca respeta su hora, ¿qué hacer? Plantear nuevos retos 

Esa conducta se ha ido fraguando poco a poco. Los padres deben preguntarse por qué, ya que quizá hayan cometido fallos. Por ejemplo: fueron cediendo por falta de fortaleza o por comodidad. El problema no se resuelve en un día. Hay que dialogar con el hijo con argumentos y proponerle el reto de regresar poco a poco al horario inicial, ganando media hora cada noche. Si no funciona: obligarle a levantarse al día siguiente a la hora que debe para dejar libre su habitación. Si solo duerme cuatro horas, se lo pensará mejor. 

¿Qué tener en cuenta cuando salga de casa? Con quién va, a dónde y cuánto va gastar 

No hay que perder de vista ninguno de esos datos, que nos facilitarán nuestros propios hijos. Hay que ganarse su confianza. Una manera de estar tranquilos es conociendo a sus amigos, los sitios que frecuenta el grupo, saber en qué ambientes se mueven... Eso ayudará a los padres a conocer los problemas que se pueden encontrar. Un capítulo también importante es el dinero que gastan, hay que limitárselo para que aprendan a valorarlo y no se conviertan en personas consumistas. 

¿Puedo llamarle al móvil para saber dónde está? Los padres deben controlar a los hijos, pero ellos no deben sentirse controlados 

Los adolescentes se deben responsabilizar de llamar a los padres, por tanto hay que evitar hacerles la típica llamada de teléfono preguntando dónde está y con quién. Los chicos tienen que sentir que controlan sus nuevas experiencias. Si han llegado a la hora y en buenas condiciones durante un tiempo, tampoco es necesario fiscalizar porque sienten que no tienen libertad. 

¿Debo pedirle los teléfonos de los amigos y de sus padres? Sí, los chicos son vulnerables y corren riesgos 

Imprescindible. No solo como medida de seguridad, sino también porque muchos intentarán dormir en casa de otro amigo, y eso hay que comprobarlo. Incluso es importante hablar con los padres de los amigos de nuestro hijo y fijar una hora de regreso a casa para todo el grupo. Los chicos siempre nos dirán que sus amigos llegan más tarde. Y es problable que sea mentira. 

¿Cómo alcanzar un acuerdo? Dialogar y escuchar con paciencia 

No se debe buscar un diálogo entre iguales. Conviene llegar a un acuerdo, pero no por consenso. La cuestión no es evitar un conflicto por la vía fácil, sino dar criterio, educar. La participación de los hijos (su opinión) unida a las respuestas respetuosas de unos padres que les hacen pensar, les ayudará a entender la conveniencia de un horario. Pueden servir argumentos como: una casa no es un hotel y un horario no es una limitación de libertad, sino un medio para facilitar la convivencia. 

¿Le recuerdo que no se suba a un coche si el conductor ha bebido? Evitar los mensajes de última hora 

Esa insistencia momentos antes de que se marche resulta contraproducente. Esos mensajes de advertencia (no conduzcas si bebes, ten cuidado con las drogas...) hay que introducirlos en la comunicación con los hijos de forma más didáctica y natural, por ejemplo, al hablar de terceros o de una noticia. 

sábado, 10 de noviembre de 2012

25 de noviembre


VIOLENCIA DE GÉNERO 

En 1975, Naciones Unidas fue el primer organismo que señaló la gravedad de la violencia ejercida contra las mujeres. 

En 1980 se reconoció que la violencia contra las mujeres es el crimen encubierto más frecuente en el mundo. En 1993 la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos reconoció los derechos de las mujeres como derechos humanos y, en consecuencia, definió el uso de la violencia como una violación de tales derechos. La violencia sexual es la violencia que ataca los derechos fundamentales, la libertad individual y la integridad física de las mujeres. 
La Asamblea General de las Naciones Unidas en 1993, aprobó la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra las mujeres que en su artículo primero define la violencia contra las mujeres como aquella basada en el sexo y dirigida contra la mujer porque es mujer o que le afecta de forma despreocupada. Se incluyen actos que infligen daño o sufrimiento de índole físico, mental o sexual, incluidas las amenazas de tales actos, la coerción o las privaciones arbitrarias de libertad, ya ocurran en la vida pública o en la privada. 

En España, la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, define la violencia de género como todo acto de violencia física y psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privación arbitraria de libertad (artículo 1). La violencia ejercida contra las mujeres por el mero hecho de ser mujeres es el símbolo más brutal y evidente de la desigualdad, existente en nuestra sociedad, entre hombres y mujeres. 

La violencia de género es un problema estructural, no tiene que ver con situaciones aisladas de violencia sino que un factor de riesgo, para ser víctima de este tipo de violencia, es ser mujer, independientemente del nivel social, económico o educativo. Es una violencia producto de un sistema social, económico e ideológico que ofrece oportunidades desiguales a mujeres y hombres. Esto supone para las mujeres una destribución desigual de los recursos, menores oportunidades para las mujeres y menor presencia de ellas en los espacios de toma de decisiones. 

La violencia de género no es casual y sustenta las relaciones de poder patriarcales y la situación de desigualdad entre hombres y mujeres que se deriva de ellas. 

Campaña Contra Violencia de Género

Habla

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martes, 6 de noviembre de 2012

Errores que deben evitar los padres al educar a sus hijos



Dicen que la profesión de ser padres es una de las más difíciles y, desde luego, que la mayoría de aquellos que lo son, así lo confirman. Los primerizos argumentan los quebraderos de cabeza, las dudas y el gran esfuerzo que supone para que desde el momento del nacimiento se consiga que el pequeño, coma, no llore, duerma, no sufra con los cólicos del lactante, sepa más adelante cómo abordar el momento paso a la papilla, los sólidos... pero nada con lo todo que vendrá después. 

Educar a un hijo correctamente es más difícil hoy que ayer, según apuntan las autoridades en la materia. Los niños viven actualmente muy expuestos al entorno que les rodea, muy influenciado por las nuevas tecnologías. El ordenador, las videoconsolas, la televisión, Internet... hacen que los niños sean continuamente receptores de información —en muchos casos indebida por no ser apropiada a su edad— que, sin duda, condiciona su forma de percibir la realidad y su desarrollo como personas. 

Según explica María Jesús Álava Reyes en «La psicología que nos ayuda a vivir» —de la Enciclopedia para superar las dificultades del día a día—, muchos padres sienten que han perdido el protagonismo en la educación de sus hijos y que les resulta imposible luchar contra la influencia exterior. «Los niños necesitan amor, dedicación, tiempo, paciencia, seguridad y nuestro objetivo debe ser proporcionárselo. De esta forma, favoreceremos su desarrollo dándoles lo que necesitan, señalándoles los aspectos clave en cada una de las etapas, con orientaciones claras y precisas». 

Pero para una correcta educación también es importante saber qué es lo que no hay que hacer. Por ello, la autora y directora del Centro de Psicología Álava Reyes, enumera los errores más frecuentes que cometen y deben evitar los padres: 

—Intentar ser colegas en lugar de padres. Los niños necesitan situarse para situarnos. Los adultos ocupan un papel fundamental en sus vidas: el de adultos, y pocas cosas confunden tanto como ver a un adulto actuando como un niño. 

—Intentar «comprarlos» haciendo de bueno o poniéndonos siempre de su parte. En un principio es la postura más cómoda, aunque tarde o temprano, se vuelve en contra de quien la ejerce. 

—Protegerlos en exceso, hacer que el mundo gire en torno suyo. Debemos estar a su lado, pero para ayudarles no para asfixiarlos. Los niños deben vivir sus propias crisis y serán estas las que les permitan generar sus propios recursos, sus propias habilidades, sus propias salidas. 

—Pretender razonar en medio de una discusión, o tratar de imponer en lugar de sugerir. 

—Mostrar impaciencia, meter prisa, transmitir tensión. 

—Sacrificar constantemente a los otros hermanos o miembros de la familia. 

—Cerrar los ojos: negar lo evidente y pensar que los otros exageran. 

—Favorecer el consumismo. Darles desde pequeños todo lo que piden. De esa forma empiezan a no darle valor a las cosas y terminan por no dárselo a las personas. 

—Educar en el resentimiento, en la intolerancia, en la falta de generosidad y en la ausencia de valores. 
Reglas de oro 

—Los discursos en las situaciones conflictivas sirven de poco. Los niños no reaccionan ante nuestras palabras, sino ante nuestros hechos. Los discursos les aburren, les sobrepasan, provocan enfrentamientos estériles. 

—Hay que unificar criterios y actuar con seguridad. 

—A veces tendremos que asumir papeles incómodos, poco populares. 

—No podemos sucumbir en las situaciones de crisis. 

—Debemos callar cuando el otro necesite hablar. 

—Hay que elegir el lugar apropiado, el momento adecuado y el mensaje idóneo. 

—Tenemos que transmitir ilusión, entusiasmo, porque si perdemos la esperanza, ¿qué nos queda? 

—Si el problema nos sobrepasa, acudiremos a un buen profesional, que lo analice con el rigor necesario y ponga un programa de actuación racional, razonable y alcanzable. 

domingo, 14 de octubre de 2012

Tres pautas básicas para rendir estudiando


Artículo que aparece en el periódico ABC

El éxito escolar nace en la familia, según los expertos

¿Qué podemos hacer desde la familia para luchar contra los malos resultados de los alumnos españoles en el Informe Pisa? Mucho. Aunque debería ser una combinación ideal de esfuerzos entre la familia, el niño y la escuela, la actitud de los padres es más importante en las notas de los hijos de lo que en un principio pueda parecer. Esa es la idea que Yolanda Cardona trabaja en su libro «¿Quién educa a mi hijo?», y del cual extraemos las siguientes pautas de estudio para ayudar a nuestros hijos a rendir mejor en los estudios:

1. HACER AGRADABLE EL ESTUDIO: Esto significa animarlos con comentarios como: « ¿Qué toca hoy?, si puedo te echo una mano...», «no tendrás interrupciones», «aprovecha ahora que tienes el ordenador libre por si has de buscar algo por Internet...». Nunca haremos comentarios que desprestigien la autoridad del profesor como, por ejemplo, «esos profesores te ponen demasiados deberes», o bien que preocupen a nuestro estudiante: « ¡Mira cómo trabajan tus padres para pagarte un buen colegio!». Si ha de realizar algún trabajo, procuraremos que nuestro hijo no sea adicto al cortar y pegar, sino que la lectura sea instructiva y sirva para adquirir conocimientos. «Aunque los estudiantes que leen ficción tienen más probabilidades de lograr una puntuación alta, son los estudiantes que leen una gran variedad de materiales los que consiguen hacerlo realmente bien», dice textualmente el informe PISA. Es un consuelo saber que el fracaso escolar no se debe a la utilización que hacen de las redes sociales; sin embargo, conviene que en casa establezcamos un horario para la comunicación en la red con sus amigos, que sea distinto del tiempo de estudio, igual que hacemos con alguna actividad extraescolar y con algún deporte que practique.

2. DISPONER DE UN ESPACIO ADECUADO: Hay que intentar disponer de un espacio en el hogar para el estudio de nuestros hijos, que siempre sea el mismo. Sin música, sin ruidos, sin iluminación; a la vez, como cada uno es diferente, debemos distinguir al que sabe estar concentrado durante mucho tiempo del que necesita hacer pausas de descanso y reanudar los deberes o el estudio. En las familias con pisos pequeños, se puede arreglar un espacio para estudiar, aunque sea la mesa de la cocina o del comedor, con la única condición de establecer un horario par ano tener que cenar con los libros ocupando la mesa. Para no dispersarlos, no podemos interrumpirlos a cada momento. Lo que sí podemos hacer es preguntarles lo que han memorizado; de esa forma sabremos si han aprendido a resumir y sintetizar, y si han reflexionado sobre lo que están estudiando. Sería ideal que no tuvieran el ordenador abierto mientras estudian, a no ser que estén buscando en la red algún documento relacionado con el estudio. Cuando nuestro hijo lee detenidamente, aprende. Concentrarse en el estudio es una tarea que los padres tenemos que facilitar. Nuestro hijo necesita su rincón.

3. APOYAR A LOS PROFESORES. Escuchemos y secundemos lo que nos dicen los profesores sobre nuestro hijo. Si no supiéramos la versión del colegio podríamos dejar de lado a aquel hijo o hija que, con más dificultades, necesita más tiempo para aprender y, por tanto, más atención de nuestra parte y —en caso necesario—, de profesores o especialistas del lenguaje; incluso puede suceder que otro con más facilidad para estudiar se convierta en perezoso por no realizar ningún esfuerzo.


miércoles, 10 de octubre de 2012

La fórmula del éxito



Éxito escolar = Capacidad + Interés + Técnicas de estudio + Tiempo empleado +Persistencia + Autoconfianza
(Bernabé Tierno)

Aclaremos algunos términos


Abuso:
1.- Maltrato físico o psicológico a una persona o animal.
2.- Una práctica o uso ilegal, inapropiado o perjudicial de alguna cosa.
3.- Insultar o utilizar lenguaje ofensivo.
Discriminación:
Trato injusto de una persona; acción basada en el prejuicio.
Violencia doméstica:
Violencia física entre miembros de una familia, especialmente entre esposos.
Cultura:
1.- Creencias, costumbres, prácticas y comportamiento social de una nación o pueblo.
2.- Grupo de personas identificadas por las creencias y prácticas comunes que las ubican en el lugar, la clase social y la época a la que pertenecen; por ejemplo los esquimales.
3.- Serie de actitudes que caracterizan a un grupo de personas.
4.- Desarrollo de una habilidad o pericia a través de la formación o la educación.
Exclusión:
1.- Acto de excluir alguna cosa o a alguien.
2.- Condición de ser excluido, especialmente de la sociedad en general y de sus ventajas.
Explotación:
Hecho de aprovecharse de una persona o situación, de manera injusta o no ética, por intereses personales.
Analfabeto:
Incapaz de leer ni escribir.
Género:
El género es un concepto que da a entender el hecho que, la mayoría de veces, las distinciones sociales entre niños y niñas, tales como la posición que ocupan, el papel que juegan y su estatus social, son producto de la sociedad. El género se distingue del sexo, el cual se determina biológicamente.
Prejuicio:
1.- Opinión formada de antemano, especialmente aquella desfavorable basada en hechos inadecuados.
2.- Acción o condición de tener estas opiniones.
3.- Intolerancia o desagrado hacia gente de una raza, religión... determinados.
Estereotipo:
Serie de generalizaciones no precisas y simplistas relativas a un grupo, que permiten darle una categoría y tratarlo en consecuencia.
Violar:
1.- Romper, ignorar o infringir (una ley, un acuerdo).
2.- Violar o asaltar sexualmente.
3.- Molestar de manera maleducada o inapropiada.
4.- Tratar de forma irrespetuosa o irreverente.

domingo, 7 de octubre de 2012

Para tener éxito en tus estudios


Los estudiantes que triunfan tienen buenos hábitos de estudio. Ellos aplican estos hábitos a todas sus clases.

Los Estudiantes Exitosos:
     1.   Tratan de no estudiar demasiado cada vez.
Si tratas de estudiar demasiado cada vez, te cansarás y tu estudio no será muy efectivo. Distribuye el trabajo que tienes que hacer en periodos cortos. Si tomas descansos breves, podrás restaurar tu energía mental.

2.  Planifican horarios específicos para el estudio.
El tiempo de estudio es cualquier tiempo en el que se haga algo relacionado con el trabajo escolar. Puede ser completar lecturas asignadas, trabajar en una asignatura o proyecto, o estudiar para un examen. Programa horarios específicos a lo largo de la semana para tu tiempo de estudio.

3.  Tratan de estudiar a las mismas horas cada día.
Si estudias a las mismas horas cada día, establecerás una rutina que se transforma en una parte habitual de tu vida, como comer o dormir. Cuando llega la hora programada de estudio del día, estarás mentalmente preparado para empezar a estudiar.

4.   Se fijan metas específicas para sus horarios de estudio.
Las metas te ayudan a mantenerte enfocado y controlar tu progreso. Simplemente sentarte a estudiar tiene poco valor. Deberás tener muy claro lo que deseas lograr durante tus horarios de estudio.

5.   Empiezan a estudiar en los horarios programados.
El retraso en iniciar el estudio se llama "dejar las cosas para más tarde." Si dejas las cosas para más tarde por cualquier razón, encontrarás que es difícil terminar las cosas cuando necesites hacerlo. Puedes tener que apurarte para compensar por el tiempo que perddiste al inicio, lo cual puede traer como resultado trabajo negligente y errores.

6.  Trabajan primero en la asignatura que encuentran más difícil.
Tu asignatura más difícil va a requerir de tu mayor esfuerzo. Inicia con la asignatura más difícil puesto que es cuando tienes mucha más energía mental.

7. Repasan sus notas antes de comenzar una asignatura.
El repasar tus notas te puede ayudar a asegurarte que estás llevando a cabo correctamente la asignatura. Además, tus notas pueden incluir información que te pueden ayudar a completar el trabajo.

8. Les dicen a sus amigos que no los llamen durante sus horas de estudio.
Apaga tu móvil durante tus horas de estudio.

9. Llaman a un compañero/a cuando tienen dificultad con una asignatura.  (Si fuera necesario)
Este es un caso donde "dos cabezas piensan mejor que una."

10. Repasan su trabajo escolar el fin de semana.
Sí, los fines de semana deberían ser un tiempo para divertirse. Pero también hay tiempo para repasar algo. Esto te ayudará a estar listo a iniciar el lunes por la mañana, cuando empieces otra semana escolar.